PREGÓN DE SEMANA SANTA EN BURGOS

Soy María Rosa, religiosa de la Congregación de las Hermanas del Niño Jesús Pobre.

Lo primero que quiero es darles las gracias por estar esta tarde aquí y por darme el regalo de su atención y de su interés. Estoy convencida de que la escucha del que habla y del que recibe nos hace más sensibles, más humanos. Gracias, de verdad, a quien me ha dado esta oportunidad de estar con ustedes.

Vengo de una familia sencilla, trabajadora, con gran sentido y vivencia religiosa. Siempre digo que mi vocación religiosa se la debo a Dios que es el que me ha llamado y a mi familia por su ejemplo de vida, de honradez, de entrega y actitud de permanente ayuda a los demás.

Estamos en vísperas de la Semana Santa. Para mí, como para muchos de ustedes, unos días con mucha profundidad. De ahí que les llamemos ‘santos’. En ellos descubrimos una vez más qué importantes somos para Dios. A mí, personalmente, me hacen revivir mi condición de religiosa y mi llamada a la santidad. Si hablamos de Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo, tal vez sea el momento de que yo también me tome en serio ‘celebrar los días santos para ser más santa’.

Soy consciente, y lo digo con toda sinceridad y sencillez, de que mi vida ya no me pertenece a mí. Se la he entregado a Dios para Él y para los demás. Jesús también entregó su vida al Padre, vivió por el Padre y para el Padre sirviendo y ayudando a las personas del día a día.

Mi entrega a los demás ha estado marcada por mi condición de ‘maestra’, ‘maestra de escuela rural, maestra de niños de pueblo’. He ejercido esta vocación con verdadera pasión en Salas de los Infantes y en Espinosa de los Monteros. Los niños te llevan a las familias y las familias cohesionan la sociedad haciéndose cargo de las personas más necesitadas. Entre niños y familias me he remangado tantas veces para que las personas necesitadas se sintieran acogidas y queridas.

En Salas de los Infantes ayudé mucho a un chico que llevaba años sin salir de casa, con una gran depresión. El primer día que salimos a la calle le tuve que dar la mano para bajar las escaleras porque no se atrevía. Salíamos a pasear por la noche porque no se atrevía a estar con la gente. Después de acompañarle unas cuantas veces, le busqué un psicoterapeuta y mejoró mucho. Se convirtió en lo que era, pero no se lo creía, ‘una persona normal’. A veces echamos la culpa a los demás de lo que nos pasa y no somos capaces de escuchar la invitación de Jesús: ‘levántate, coge tu camilla y echa a andar’. Pero tantas veces necesitamos de alguien que nos recuerde que podemos andar y que nos sobra la camilla.

En Espinosa de los Monteros, a parte de dar clase, me reunía con las madres de los niños por las noches un día a la semana. También daba catequesis. Me encontré con situaciones límite. De nuevo comprobé que es necesario que alguien te recuerde siempre cuánto vales y que detrás de cada opción está tu progreso o tu degradación.

En Espinosa me jubilé profesionalmente y volvía a Burgos. Ahí surgió mi segunda vocación de maestra, de ‘hacer más grandes a las personas’. Aquí nació la oportunidad de enrolarme en el voluntariado de la cárcel.  Les cuento…

La cárcel es el edificio que tantas veces oculta a las personas. Me enteré que uno de mis antiguos alumnos estaba en la cárcel y comencé a visitarle y a charlar con él. Al poco tiempo le pregunté al capellán si podía ser voluntaria de la cárcel, y la respuesta fue que sí. De esto ya hace más de 15 años

Es precisamente mi experiencia de la cárcel la que quiero unir los días de Semana Santa. Para mí siempre ha resonado mucho esta frase de Jesús al final del evangelio de San Mateo: Bienaventurados vosotros porque estuve preso y fuisteis a visitarme. Para mí es una llamada a estar abiertos para vivir la misericordia que Dios tiene con nosotros. Esta vivencia nos tiene que impulsar a ser misericordioso con los demás hermanos nuestros.

Doy un paso más y ahora les hablo de mi experiencia actual como voluntaria de la cárcel de Burgos.

Voy los jueves de 5 a 7. He escogido estar con los presos porque para mí son los más pobres de los pobres. Mi lema como religiosa dice ‘permaneced en mí’. Solo puedo permanecer con Él, con Jesucristo, si estoy con los más pobres y los más pobres son los que ni siquiera tienen libertad.

¿Qué hago en la cárcel con los presos? Quererles, escucharles, A la cárcel sobre todo se va a escuchar. Ellos suelen decir que les llevamos aire fresco. Cuando no podemos ir por algún motivo para ellos es una falta que ponen en su corazón. Agradecen muchísimo nuestra presencia nos ven como personas que vamos a guardar sus secretos y se fían de nosotros porque en general son desconfiados. Nos respetan y nos valoran. No voy por compasión. Es mucho más lo que recibo que lo que doy, salgo de allí con ganas de ser mejor.

Quizás les sorprenda que algunos llevan la Biblia en la mochila. En estos momentos estoy preparando a un preso para hacer la primera comunión y la confirmación. Para ellos el rezar es una verdadera necesidad y es a lo que se agarran fuertemente.

Los presos, como todos nosotros, necesitan que se les quiera y que se lo demuestren. Por eso les tenemos que ver como personas iguales a nosotros e Hijos de Dios. El encuentro con ellos tiene que ser un encuentro verdadero, les tenemos que aceptar incondicionalmente. De nuestros encuentros depende mucho su curación. Hay que escucharles mucho incluso sus mentiras, será la manera de que confíen en nosotros, después desde nuestra escucha, les podemos llevar a rectificar. Nuestra relación tiene que favorecer la reflexión y el cambio de la persona privada de libertad.

Hasta aquí he procurado decirles algo de mis experiencias como religiosa sobre todo como voluntaria de la cárcel. Ahora quiero hablarles de la cárcel y de los presos:

La cárcel no facilita las relaciones entre ellos, no se fían. En la cárcel hay un aislamiento afectivo. Muchos no saben nada de su familia y algunos los familiares han roto toda la comunicación. Hay una vigilancia permanente, falta de intimidad. Las relaciones interpersonales están basadas en la desconfianza y en la agresividad. El ambiente social también les influye. Muchas veces dicen ¿por qué ellos que están pagando tanto, cuando otros con más motivos están en la calle?

Cuando uno está dentro de esos muros se da cuenta que la cárcel es para pobres. Con esto no quiero decir que no tengan motivos y que están allí por casualidad, no, pero la cárcel tal como está hoy, no regenera en absoluto.

La entrada a prisión es una experiencia traumática. El preso atraviesa un proceso de apatía, depresión, angustia y rebeldía. Se da un aumento de dependencia. Se devalúa la propia imagen y tiene un aumento de ansiedad. se pierde la voluntad,

Por eso queridos amigos si alguna vez tienen ocasión de ser voluntarios para visitar a los presos no lo duden merece la pena y ellos se lo agradecerán. En fin, esto es un poco de lo que estoy viviendo. Como veis es mucho lo que podemos hacer por esas personas.

Haciendo ahora mención a los días Santos que vamos a celebrar:

Referente a JUEVES SANTO: Jesús se entregó por nosotros, se agachó para servirnos. Nuestra pregunta podría ser ¿Dónde estoy gastando mi vida? ¿Dónde estoy dando? ¿Dónde estoy alimentando anhelos de esperanza, de crecimiento, etc? ¿Estoy haciendo de mi vida una eucaristía, una mesa abierta en la que todo el mundo tenga comida?

Referente a VIERNES SANTO: Acompañamos a Jesús en su pasión. La pregunta que nos podemos hacer: ¿Dónde estamos ante la cruz de nosotros y de los demás? ¿Somos espectadores?  ¿Cómo contribuyo al mal del mundo? La segunda pregunta requiere más seriedad ¿Cuál es tu cruz? ¿Dónde está tu cruz?, Es posible que te esté tocando sufrir por las circunstancias que sean, o por la manera de vivir que has elegido te ha llevado a la cruz a un sufrimiento que aceptas por vivir el evangelio.

Referente al SÁBADO SANTO: El Sábado Santo hay que entenderlo bien si queremos seguir la expectativa de los discípulos. No es exactamente lo que nos pasa a nosotros. El Sábado Santo para nosotros está entre la tragedia del Viernes Santo, pero ya tenemos anticipada la alegría de la Pascua. La noche del Sábado Santo vamos a celebrar la Vigilia Pascual, ya estamos expectantes de que es la victoria de Dios. Pero para los discípulos lo que llamamos Sábado Santo va desde la sepultura hasta que se encuentran con el Resucitado es un tiempo que les toca rumiar la derrota. La derrota del Proyecto de Dios que les había mostrado su Maestro. La muerte en cruz de su Maestro y sus propias derrotas, porque le han fallado, le ha abandonado, le han negado, le han vendido.

Todo esto se convierte en una pregunta para nosotros: ¿Cómo llevamos nuestras derrotas? ¿Cómo llevamos la derrota de la fe? Hay que seguir buscando en la intemperie.

Muchas gracias por su escucha, por atender a este pedacito de mi vida compartida. ¡Feliz Semana Santa!

24 DE MARZO 2026.

 

 

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