Soy la hermana María Rosa PIJ. De España.
Os quiero hablar sobre mi experiencia como voluntaria de la cárcel de Burgos España.
Llevo 17 años que cada jueves de 17 horas a 19 voy a la cárcel. Estoy en el módulo del Celular que son los Preventivos es decir los que aún no han sido juzgados.
Somos 70 voluntarios y estamos divididos por talleres. Yo estoy en el taller de la Escucha. Seguro que os preguntaréis en que consiste.

Ya entrar en ese lugar impresiona.Están en un lugar más bien pequeño, para que yo pueda entrar me tienen que abrir las rejas, osea que están entre rejas. Pero yo estoy con ellos presencialmente. Procuro saludar y preocuparme por cada uno. Son unos 40 en ese módulo. También vienen a preguntarme o para hablar conmigo. Tienen mucha confianza con los voluntarios porque saben que no contamos nada a los funcionarios.
A la cárcel se va sobre todo a escuchar pues los presos tienen mucha necesidad de que se les escuche, de que se les tenga en cuenta, de que se les aprecie y se les quiera, pues muchos son de familias desestructuradas que están solos en el mundo pues nadie se preocupa de ellos.
El último jueves que fui a visitarles, uno de los presos me dijo que quería casarse por la iglesia y que solo había recibido el Bautismo. Me pidió que por favor le preparase para recibir la Comunión y la Confirmación . Así que vamos a empezar un periodo de preparación religiosa. Los presos nos reciben con mucho cariño y son muy agradecidos.
En la cárcel la sensibilidad religiosa aumenta, ves que en muchas mochilas llevan la Biblia.Creo qué está sensibilidad religiosa les viene por la dureza que les supone llevar esa vida que verdaderamente es dirigida. 
Mi experiencia es muy positiva. Pues de verdad que los presos son los pobres más pobres. Pues la privación de libertad es de las experiencias más duras que hay.
„Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo. Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento. Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme.“
Mt 25,34-36
